Llevo más de un mes de estar sin estar realmente en Clearwater. Contados los días en que he podido, de hecho, salir de la introspección laboral para conocer a la pequeña ciudad aunque sea un poco, más allá de lo que implica transportarme de la casa de mis tíos Mauerer a la oficina y de la oficina a la casa de mis tíos Mauerer.
Conocer una ciudad, un pueblo, cualquier lugar nuevo implica también conocerse mejor a sí mismo. Y así las travesías que se hacen en tierras ajenas a la memoria son también paseos a la parte profunda, a esa con la que cada quien se levanta y se acuesta.
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